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viernes, 4 de junio de 2010

De Doña Toti è las curvas

Lo reconozcáis o non,
ha sido por culpa vuestra
el tremendo coscorrón
que adorna la mía testa.

Que iba tranquilo yo,
por la calle paseando
cuando me crucé con vos
è ¡qué queréis! soy Don Saulo...

Paladín del buen amor,
por su güen gusto famoso
aunque en más de una ocasión
le haga perder el decoro.

Yo fue veros è torcer
el mi gaznate en redondo,
en muestra como un lebrel
quizá figuré a sus ojos

mas señora, comprended,
que cualquiera se embelesa
al cruzarse con usted
rebosante de belleza.

Hasta aquí todo es normal:
yo en mística contemplación,
vos en vueso caminar
ajena a la situación.

Mas aquí viene el problema:
vuelto mi rostro hacia el sol
de tan fragante belleza
recibo de sopetón
de Afrodita la traviesa
celosa por la atención
que su hermosura despierta
en mi pobre corazón
la venganza más aviesa,
colocando en el camino
entre mi testa perdida
è de mis pies el destino
una metálica viga
con un cartel que con tino
anuncia en inglés 'estop',
que no es otra cosa, digo
que 'pare usted, por favor'
en la extraña lengua escrito
de uso en la Pérfida Albión.

Pararme, paréme en seco
è los mis pies con razón
quisieron seguir el vuelo
que seguía mi corazón.

Malhaya suerte la mía,
pues todo hombre corriente
tiene en la su anatomía
partes menos obedientes.

È si el corazón subía
è la mi testa volaba
è los pies ascendían,
el mi trasero bajaba.

Fue quando con mis huesos dí
en el prosaico empedrado
de la realidad más vil
è sólo quedó en lo alto
mi sombrero è nada más,
que tardó en caer un rato
aunque lo fizo al final
tras elegante trazado
sobre el residuo animal
que por allí había dejado
algún despistado can.

Total, que Saulo en los suelos
con el rostro cual la grana
sólo en el lado derecho.
En el izquierdo, la marca
que pronto tornó a violácea
del golpetazo tremendo.

Cuando me fui a levantar
iba pensando esta cosa:
"Aquí falta una señal
que dí curvas peligrosas

È si me piden parar
que lo fagan unas pocas
de brazadas más atrás
para gozar de tal moza
sin peligro de palmar."

Pero lo doy, vive dios,
todo por bien empleado:
non cambiaría el coscorrón
ni me duele el costalazo
con tal de veros a vos
con el pañuelo en la mano
transida por la emoción
las lágrimas enjugando.

Lástima fueran de risa
è non de preocupación,
mas sospecho que Afrodita
hasta aquesto me robó.


A vuesos pies,
el tal Saulo.

(Literalmente, por cierto...)

martes, 13 de septiembre de 2005

De Don Tiago en el castillo





Ya va Don Tiago emergiendo
desde su oscura morada
hacia el mesmísimo cielo,
lugar que Saulo le guarda.

En homenaje a ese ingenio,
que hoy lo mesmo es espada
que mañana risa è juego
è pasado es almohada,
les publico aquí este cuento.

A esta hestoria emaginaria
diòme pie face algún tiempo
mi DonTiago, una mañana
al contarme que a un evento
en Real Castillo marchaba.

Desculpad si, como siempre,
el tal Saulo emprovisaba
è su lengua de mil sierpes
a menudo se liaba.


(salamancaturismo.com)

Aventuras de Don Tiago
en el Castillo del Buen Amor


Fueron Don Tiago i esposa
- incitados por su hermano -
a Salamanca la Hermosa,
patria del ínclito Saulo.

Decidieron hospedarse
en un cercano castillo
donde habrán de disfrazarse
con ropas de corte antigüo.

Las dijeron: este sitio
solo tiene luz de velas
ya veréis que divertido:
como la antigua realeza.

Bajo la luz de la luna
detienen el carruaje.
Escudriñan la penumbra:
¡alguien se sube al pescante!

Tras una capa iba oculto
de color endestinguible,
enano, feo è chepudo,
de noche, casi envisible

Como por arte de magia
saca un candil encendido
que estaba oculto en la capa
(¿será por el calorcillo?)

Con extraña reverencia
a Doña Mari se acerca
intentando abrir su puerta.
Ella el seguro bloquea.

Se emboza tras la capucha,
mas a la luz de la vela
una ausente dentadura
de grandes encías muestra.

(www.dvdbeaver.com)

Despues de la extraña mueca
a modo de bienvenida,
inicia otra reverencia
è andando hacia atrás recita:

"Su señoría descienda
tranquila del carruaje
que aunque bien feo mi menda
nunca se ha comido a nadie"

Baja Doña Mari al rato,
temblando cual flan de huevo
y entre dientes mascullando:
"pues sí que es feo el portero"

"A su servicio, soy Aigor.
Permítanme su equipaje."
(Abre el portón mi Don Tiago
è se lo alarga al instante)

"Síganme ustedes" - afirma
arrastrando las maletas -
mientras Don Tiago patina
por el barro tras la vela.

Un trueno estalla en el cielo,
mas no amenaza tormenta.
Doña Mari, del estruendo,
le salta a Tiago a la chepa.

Así van cruzando el foso:
primero, pasa la vela;
detrás viene el mayordomo
arrastrando las maletas;

mas atrás, formando un grupo
de curiosa silueta
vienen Tiago è Doña Mari.
(esta última, en su chepa)

Golpea el enano la aldaba
y en el vacío resuena.
Chapoteando en el fango
nuesos amigos esperan.

Un crujido a yerro viejo
terminado en fuerte golpe,
acompañado al momento
con el chirriar de los goznes

anuncian a los calados
que van a ser recibidos.
Ambos avanzan temblando
por el tal Aigor seguidos.

La luz de los candelabros
arroja luz sobre el hall,
tan grande como un estadio
è frío como glaciar.

Entre las sombras cambiantes
por efecto de las llamas
que el viento mueve, constantes,
creyó ver Tiago fantasmas.

Da codazos a su esposa,
que en su chepa sigue izada,
y que a este paso le ahoga
a su pescuezo aferrada.

"Bájese ya, mi señora,
è non tema a los fantasmas.
Son sólo unas pocas sombras
acuciadas por las llamas."

Desciende Mari, despacio.
È por fin suelta su presa
de la garganta de Tiago,
que medio ahogado boquea.

Según pone un pie en el suelo,
de entre las danzantes sombras
emerge, de carne ì hueso,
lo que parece una moza.

(www.notodohoteles.com)

Del corpiño medieval
el pecho escapar intenta.
Luce un blanco delantal
è la cabeza cubierta.

"Muy buenas noches, señor.
Les echábamos de menos.
Síganme hasta el torreón,
do se encuentra su aposento"

Entrégales un candil:
"Non vayan a tropezar.
La escalera tiene mil
escalones, nada más."

Sube la moza primero,
Doña Mari la siguiente,
Don Tiago toca el trasero
de su esposa, con su frente.

Aún se alegra: "menos mal
que no puede con las piernas
o acabaría por dar
su talón en mi entrepierna"

Cierra el séquito, ascendiendo
el chepudo maletero
que arrastra entre juramentos
las maletas por el suelo.

Cuando llegan al final
del angosto torreón
amenaza clarear.
Exahustos están los dos.

"Su aposento" - dí la moza
entregándoles la llave
de puro yerro, herrumbrosa
que pesa doze quintales.

Don Tiago mete la llave
mientras piensa: "¿para qué?
por la cerradura cabe
hasta mi esposa de pie"

Aigor suelta las maletas
según entran en la sala
è se marcha con su vela
sin decir una palabra.

La moza - y su mostrador -
les dice: "cierren la puerta
cuando estén dentro los dos,
è non abran si golpean."

Por tan extraña advertencia
iba Tiago a preguntarle
pero al irse a dar la vuelta
allí non quedaba nadie.

Se acerca a las escaleras,
escudriñando el vacío
mas ya non se ve la vela
ni se escucha ningún ruido.

www.notodohoteles.com

Se vuelve al cuarto extrañado,
do Doña Mari le espera
sujetando el candelabro
pegada a la misma puerta.

"Tia-ago" - balbucea la pobre -
"He visto moverse algo"
"Serán las sombras" - responde
poco convencido Tiago.

Avanza con gran cautela
intentando eluminar
la habitación con la vela.
Da dos pasos, nada más.

Al instante, suena un ruido
como si alguien corriera.
Pensó - "quizás sea un chiquillo
que está jugando ahí afuera"

Toma a Mari de la mano
elevando el candelabro.
Ahora, que está iluminado,
non parece tan macabro:

La sala es espaciosa.
Las paredes de sillar,
el suelo de pura losa
pulida por el pasar.

El techo queda tan alto
que sólo ve, bizqueando,
un poco de artesonado.
Parece labrado a mano.

A su espalda está la puerta.
Junto a ella, un escritorio
de apolillada madera
do escribieron El Tenorio.

A su izquierda hay un tapiz
gótico, si no es más viejo,
en el que se ve un jardín
è alguien bailando en el centro.

A su diestra, una ventana.
Más diría, un agujero.
Es más estrecha que alta;
el muro es de metro y medio.

Frente a ellos, aunque lejos,
está la otra pared
más o menos a diez metros,
y una cama con dosel.

Temblorosos se aproximan
y a medida que se acercan
observan que las cortinas
del dosel cuelgan ligeras.

Tanto, que el aire las mece
cual si alguien las moviera
Tiago dice: "Me parece
que es el aire que se cuela."

Mari le clava las uñas,
clavada ha quedado al brazo
y con tal fuerza le estruja
que hasta el hueso han alcanzado.

En ésto estaban los dos,
llegándose con sigilo
al su tálamo de amor
cuando se escucha un gran ruido.

Al dosel se precipitan
sin volverse ni a mirar.
Atraviesan las cortinas
que se abren al pasar.

Caen en un lecho mullido,
de gran altura y tan blando
que quedan del todo hundidos
en una trampa atrapados.

Tiago intenta levantarse
Mari, histérica patea.
pero la mullida carcel
impide que ambos se vean.

(www.notodohoteles.com)

Separados por quintales
de lanas y de algodón,
ambos intentan zafarse
del abrazo del colchón.

Por fin Tiago se incorpora
separando las cortinas.
Se cerró la puerta sola,
tal fue toda la desdicha.

La maleta aún espera
junto a la puerta cerrada
y con la luz de las velas,
parece cual si bailara.

"Vamos a abrir la maleta"
- dice mientras da la mano
a su esposa que aún se encuentra
en el hoyo, braceando.

Con grandes pasos se acerca.
"¿Quien dijo miedo?" - sacando
pecho como una estanquera
de Fellini va avanzando.

Tira del asa con fuerza,
mas no se mueve ni un palmo.
"¿Que has metido en la maleta?"
- inquiere a Mari, gritando.

Mas la respuesta non llega,
è Tiago se está cabreando
"Que ¿qué has puesto en la maleta?"
repite Tiago, gritando.

Ve que Mari está muy quieta.
A través de las cortinas
Tiago ve su silueta
como en granito esculpida.

Abandona el equipaje
è se dirige al dosel
preguntándole: "¿Qué haces?"
Mari no le mira a él.

Tiene la vista clavada,
los ojos de puro vidrio,
en la cercana ventana,
a la espalda de mi amigo.

Despacio se da la vuelta
è ve una sombra furtiva
que, en dirección a la puerta,
por el suelo se desliza.

"¡Ya estoy harto, voto al cielo!"
Salta otra vez de la cama
pero la sombra del suelo
vuelve rauda a la ventana.

"¿Lo has visto?" - dice su esposa -
"Era un fantasma, seguro.
Tenía una faz horrorosa
y cruzó por ese muro"

"¡Qué fantasma ni fantasma!"
- dice Don Tiago, enfadado -
"El cierre de la ventana
debe de estar oxidado.

Empiezo ya a estar bien harto
de tanta cosa tan vieja.
Voy a pedir otro cuarto
sin cortinas è sin velas.

Si hubiéramos reservado
en el Hilton, como todos,
estaríamos gozando
del jacuzzi como locos.

Que si rollo medieval,
que si fiesta de disfraces,
ya verás como, al final,
no habrá ni donde lavarse."

Su discurso causa efecto
en Doña Mari, que mira
al su alrededor de nuevo,
è que una mueca perfila:

"Es cierto, ¿dónde está el baño?
¿No era individual?
No digas que para usarlo
se turna aquí el personal..."

"Es cierto: reclamaremos.
Yo quiero otra habitación.
Con baño y tele, diremos,
y con un buen ascensor.

(www.notodohoteles.com)

Y el teléfono, ¿lo has visto?
llamaré a la recepción.
Que nos lleven a otro piso,
a una buena habitación.

Se pone Mari a buscarlo.
En la mesilla, no está.
Tiago toma el candelabro
por poder ver algo más.

Lo sujeta bien en alto.
Non llega luz al final.
Se dirige allá mi Tiago
a quitar la oscuridad.

"¿Dónde habrán puesto al maldito?"
Calla: dos ojos de gato
dorados el observan fijo
bajo un mueble agazapados.

Se acerca el valiente Tiago
que de sustos ya está harto
arrimando el candelabro
a desalojar al gato.

Mas no hay nada, o el tunante
de tal forma se ha escondido
que no puede echarle el guante
ni ver dónde se ha metido.

Abandonando la caza
se vuelve a echar un vistazo
pero en los muebles no hay nada.
¿Dónde estará el aparato?

Va a dar la vuelta a la estancia
a la pared arrimado
cuando percibe a su espalda
otra vez, un ruido raro.

Es Mari, que ahora su boca
con sus manos ha tapado
y que mira, como loca,
otra vez al empedrado.

¡Ya está otra vez el espectro!
Hacia él se va Don Tiago.
Como arrastra por el suelo,
intenta en vano de pisarlo.

"¡Es una sombra, tan solo!"
Pero, ¿qué la ha provocado?
como la boca de un lobo
se encuentra el artesonado.

Sube encima de una silla
alumbrando todo el techo.
Al momento, trastabilla,
porque non puede creerlo:

Todo aquel artesonado
es un relieve completo
de un satánico retablo:
demonios bailan con muertos.

Mira a Mari boquiabierto,
pero ella non le mira.
Con los ojos muy abiertos
aférrase a las cortinas.

En esto, les sobresalta
otro familiar sonido:
es el móvil, que descansa
en el fondo del bolsillo.

Oye la voz de su hermano:
"¿Dónde estás, en carretera?
¡Que te estamos esperando
aquí la familia entera!"

"Que, ¿dónde estoy, me preguntas?
¡En el maldito castillo,
luchando con la penumbra
è medio muerto de frío!"

"¿En el castillo? Imposible.
Si te estamos esperando
sentados en los jardines
è por aquí no has pasado."

"¿Jardines? Non ví ninguno.
Aquí he visto solamente
un foso más bien oscuro
è non ví a ninguna gente"

(www.notodohoteles.com)

"Tú me estás tomando el pelo.
¿Estás en la habitación?
¿Cómo has pasado sin vernos
a coger el ascensor?"

"¿Ascensor?¿Estás de guasa?
Subimos mil escalones
siguiendo a una moza rara
que enseñaba los pezones..."

"Venga, Tiago, estás de broma.
Yo no he visto a nadie así.
Y pronto será la hora
de comenzar el festín.

Las luces van a apagarse
sólo quedarán las velas
la gente va a disfrazarse,
¿dónde están las escaleras?"

"Pues según hemos entrado
parten justo a la derecha"
"En la entrada estoy yo, Tiago,
y no hay ninguna escalera"

"¿Y al chepudo, ¿no le has visto?
¿No ha salido a recibirte?"
"¿El chepudo? Mira, chico,
nunca oí excusa más triste."

La conferencia se corta:
la batería se ha agotado.
Va a la ventana è se asoma.
Lo que ve le deja helado:

Afuera, todo es penumbra.
No hay luz ni en el horizonte,
sólo el viento, que susurra.
Juraría que su nombre.

Entre jirones de niebla
aparece ante su faz
como un rostro, que se eleva
y que susurra a la par:

"Tiago, Tiago, ven a mí;
salta desde esa ventana
por donde un día caí
cuando era moza lozana"

La niebla ententa atrapallo.
Lanza el móvil contra ella
mas la atraviesa, volando.
Suena una risa perversa...

Sale corriendo por fin.
Enganchando a Mari al vuelo
y dejando tras de sí
el equipaje en el suelo.

Descienden los escalones.
Más que de pie van rodando
entre gritos y empujones
a los santos conjurando.

Irrumpiendo en el salón,
corren hacia la salida
sin fijarse en la reunión
que a sus espaldas había:

Unos seres transparentes,
cual de vapores compuestos
danzan, ríen, se divierten,
alrededor de un gran fuego.

Tiago tira del cerrojo
que pesa como un demonio
Mari mira de reojo
y ve que vienen los monstruos.

Hinca uñas al momento.
Don Tiago, pega un respingo
el cerrojo queda abierto
è fuyen, enloquecidos.

Sin mirar siquiera atrás,
resbalando por el fango,
llegan al fin donde está
el carruaje esperando.

Arranca raudo y veloz.
Las ruedas despiden barro
que atraviesa sin tocar
a aquellos espectros blancos.

A base de acelerar,
poco a poco va dejando
a los espectros atrás,
hasta que salen del fango.

Cuando, ya en la carretera,
mira a su retrovisor,
no ve nada: pareciera
que fue todo una ilusión.

www.notodohoteles.com

Un cartel a su derecha:
"Castillo del Buen Amor"
apunta a una carretera
que va en otra dirección.

La toman y al poco rato
aparece otro castillo
por un jardín rodeado
con miles de farolillos.

La banda toca en la puerta,
con atuendo medieval
parécese que la fiesta
acabara de empezar.

En efecto, según llegan
sale su hermano a abrazarle:
"Tiago de mis entretelas,
¿Dónde estabas? Llegas tarde"

Mira a Mari, y adivina:
"¿Se ha puesto mala, señora?
Tiene cara de enfermita,
pálida è hasta ojerosa"

"Venga, sacad las maletas
que el jolgorio va a empezar"
Rindiéndose a la evidencia,
Don Tiago va a confesar:

"No tenemos ya maletas.
Las tuvimos que dejar
al salir a la carrera
de aquel horrible lugar"

"Venga, Tiago, deja el rollo.
Que lleges tarde, lo acepto
mas non me trates de bobo
endosándome ese cuento.

Si a través de tu cristal
estoy viendo tu maleta...
abre ya el portón de atrás
è dejémosnos de tretas"

Abre Tiago el maletero,
baja incrédulo a mirar.
Las maletas, en efecto,
se encuentran en su lugar.

"Tan sólo ha sido un mal sueño,
me lo he debido inventar.
Pero..." - busca con empeño -
"y mi móvil, ¿dónde está?"

Mira a Mari: es como cera
Toca su brazo: allí están
las marcas que en la contienda
dejó al sus uñas clavar.

Fue lo último que fizo
justo antes de desmayarse.
En parihuelas, sus primos
les llevaron a acostarse.

È, desde el día siguiente,
si les recuerdan el caso,
les castañean los dientes,
tan sólo de recordallo.
(www.notodohoteles.com)

lunes, 29 de agosto de 2005

De Don Tiago Pesadilla

A Tiago, inspirador de mil
historias è mejor amigo aún.


Èra la sètima hora
è Don Tiago rebullía:
entre sus mantas ponzoña
desde sus sueños subía.

Destilaba sus humores
enfebrecido è caliente
soñando con mil ladrones.
Non cuarenta, como siempre.

Alí Babá transformado
en Alí Agka el terrorista
tenía a Tiago sudando,
particular gota fría.

En esto vino a sonar
la trompeta del heraldo
para venirle a enformar
del su castillo llamando.

Despertar fue parco alivio
pues vinieron a decille
que en aquèl, el su castillo,
pululaban malandrines.

"¡Voto a brios, me despierto
è sigue la pesadilla!"
Díjose el interfecto
derrumbándose en la silla.

"¿Non será - pregunta al cabo -
falsa alarma lo que suena?
Mire que ya estamos hartos
de lidiar en estas guerras..."

"Non, Don Tiago, aquí parece
que asalten el su castillo."
- dice el vecino de enfrente -
"Desde aquí se oyen los ruidos".

Salta Tiago de la silla
toma a su Mari del brazo
despierta raudo a su filla;
a su enfante va llamando.

En pejama e camisón
corren todos hacia el coche.
Fué Don Tiago campeón
de rallies aquella noche.

En menos de media hora
se presentan en su lar.
Mientras suena atronadora
la alarma en todo el lugar.

A arrebato ya le suenan
las campanas del su sitio.
Apostado en las almenas
anticípase al conflicto.

"Mas, ¿que pasa, nadie viene?
¿Non se atreven ya a venir?
¡A Don Tiago presto tienen
para matar o morir!"

"¡Ah, cobardes, non fuyades!"
grita desde las almenas
de su torre de homenaje,
aprestando su ballesta.

Mas enemigo nenguno
fizo facto de presencia.
Solamente aquel vecino
era su única audiencia.

Éste, encogido de hombros,
dice: "cumplí mi deber:
me tocaban los mondongos
è quise avisarle a usted"

Pasan las horas en balde
sin enemigo a la vista.
Tan sólo pasan chavales
vestidos de futbolistas.

Preguntan: "Ah de la casa,
¿no habrán visto por aquí
balón que de mi canasta
salió despedido allí?"

Mira Tiago enrededor,
con ceño ceñudo ceña.
Descubre en el mirador
al culpable de la greña:

de baloncesto un balón,
que por la brisa empulsado,
rueda por el mirador
golpeando los mamparos.

Cada vez quel aire entra
gira un poco la pelota.
La alarma que lo detecta
ulula como una loca.

Al fin, mirando con pena
sus fillos adormecidos,
a Doña Mari, su dueña
è al cabrón del su vecino,

vino a convenir Don Tiago:
"Falsa alarma hemos tenido,
a vista del resultado
más valdría haber dormido"

Fuese a dormir ipso facto,
toda la familia en pleno.
Mientras caía dí Tiago:
"Todo ésto ha sido un mal sueño"

viernes, 26 de agosto de 2005

De la pedida de mano

A Luis y a Rosi

Al principio, fue la Tierra,
al poco, los dinosaurios
è pasadas unas Eras
apareció ése tal Saulo.

Pasado un tiempo, Don Saulo
fue a echarse novia formal.
Hubo de pasar un año
antes de ir a su lar.

De su novia, la familia,
de lejos le conocían.
Por teléfono decía:
"Soy Don Saulo, buenos días"

Mas el tiempo iba pasando,
hasta que llegó ese día
en que no pudo evitarlo,
è presentarse debía.

Era Don Saulo, gallardo;
mas de aquella valentía
no iba el hombre muy sobrado
en aquel temido día.

Total, que bien trajeado
presentóse ante la puerta
de aquella casa, è temblando
tocó la aldaba con fuerza.

Con gran amabilidad
fue por su novia invitado
al su dintel franquear
(debió quedarse clavado).

Con balbuceos responde
al saludo que le ofrecen,
y entre perniles temblores
pasa al salón lentamente.

Allí, le espera, por fin,
el cabeza de familia
que, trajeado è gentil,
le recibe entre sonrisas.

Fue el prócer cordial è atento,
en su trato no hubo falla,
se fizo cargo al momento.
(cavilaba: "Se desmaya...")

Comprensivo, fue a ofrecerle
que se tomase una copa,
pues al verle tan valiente
pensó: "este mancha la alfombra"

El tal Saulo, aturullado,
aceptó entre balbuceos
tomando el vaso dorado
que le alargaba su suegro.

La americana abrochada.
Ahorcado por la corbata,
la su camisa empapada,
los zapatos le apretaban...

Suda cual estibador,
de puerto. Da un lingotazo
a aquél dorado licor,
è al suegro ofrece un cigarro.

El otro declina amable,
mas le ofrece un cenicero.
El cigarro enciende: sabe
que habrá de romper el hielo.

En esto pensando está,
cuando su futuro suegro
indicándole el sofá
le dice: "espera, que vuelvo."

Con la copa en una mano
y el cigarrillo en la otra,
se deja caer Don Saulo,
rebotando cual pelota.

En ese preciso instante
un sospechoso sonido
le indica que se levante,
mas llega tarde el aviso:

el sofá cede a su peso,
algo en su interior se raja
è la trampa, sin remedio,
al desdichado se traga.

Asombrado mira el suegro,
el hombre aguanta la risa,
è sale de allí corriendo
directo hacia las cocinas.

Allí se queda atrapado,
Saulo, o tan sólo su cuerpo,
porque su alma ha bajado
hasta el mismísimo infierno.

Los sus pies è las canillas
cuelgan cual de marioneta.
Doblado por las rodillas,
impotente patalea.

Las dos manos ocupadas
que le impiden impulsarse
mi Don Saulo sube è baja,
intentando levantarse.

Hasta la su americana
decidió confabularse
con los hados, e apretada
no le deja ni girarse.

No obstante, por el rabillo
del ojo ve que la puerta
se abre, ante su sonrojo,
è allí aparece su suegra.

Vuelve la buena mujer,
por caridad impulsada
a cerrar con buena fe,
mas se oyó la carcajada.

A partir dèse momento,
cada dos por tres se abría
la puerta è otro elemento
de la tribu aparecía,

mas se cerraba de nuevo,
pues los pobres non podían
auxiliar al interfecto,
è la risa les vencía.

Uno a uno, poco a poco,
pasaron hasta vecinos.
Fue tan grande su sonrojo,
que llegó al color corinto.

Si ayuda pedir quería,
su voz salía en un hilo:
la corbata le oprimía,
atrapada en algún sitio.

Al final vino a salvarle
su novia que, por los suelos
cansada de revolcarse,
por fin entró a socorrello.

Cuando vióse libre al fin,
pensó: "Con ésta me caso,
pues non pienso repetir
este lance ni esposado"

El resto de la jornada,
borróse de sus recuerdos
pues la memoria, agotada,
debió pedir el relevo.

Tras diez años de noviazgo,
lleva otros diez de casado
è por cada aniversario
le recuerdan aquel trago.

Moraleja: si han pensado
facer petición de mano,
vigilen el mobiliario
non intente devorarlos.

lunes, 22 de agosto de 2005

De Don Saulo, perorata

Rosa, que mi alma insuflaste
de esperanza y alegría.
A tí, que en mí te fijaste,
dedico estas pobres rimas.
Ferdinand Roybet: Festín de los mosqueteros

Iba Don Saulo de farra,
por amigos flanqueado.
Acodado está en la barra
de un garito de su barrio.

Comienza su perorata,
mas nadie allí le escuchaba.
Huían hasta las ratas
cuando su charla arreciaba.

"Dejélos mudos al punto,
pensó para sus adentros
cual bardo galo en dibujo,
atado en lo alto de un cedro..."

Pero brincó de alegría
al mirar a su derecha,
è ver que alguien le atendía
¡Además, una belleza!

Ya se atusa el su bigote,
Su voz de bajo ya afina,
prepárase el pasmarote
a dar la brasa con rima...

Pobre infeliz la tal Rosa,
que en tal trance al punto vióse
que por ser fina y fermosa
a gran paliza arriesgóse.

Empezó con sonrisita
de atenta educación.
¡Van tres horas y no para
la pesada alocución!

El su semblante de ninfa
poco a poco se congela...
mas él sigue con sus rimas,
¡el botarate non ceja!

Los párpados de la dama
pesan cual plomo fundido.
Para plomo, el que le fabla
¡y encima, en lenguaje antigüo!

"Seamos bien educadas"
- aún pensaba la infeliz-
"Recordad: sois una dama,
cual dijo mi institutriz."

Saulo, dale que te pego,
saca rimas de sus mangas,
face mil y un aspavientos,
hasta el vino torna en agua.


 Los Mosqueteros de Porros (usuarios.lycos.es/pipaclubsevilla)


É la otra, pobrecilla,
con rictus cuasi mortal,
sonriendo se ha quedado
dormida como un lechal.

¡Mas Saulo non mira en penas,
embriagado por la audiencia
relata mil aventuras,
dosmil romances inventa!

Ya la pobre niña duerme
hasta el sueño de los justos
ajena a la verborrea:
al fin, la pobre está a gusto.

¡¡Ajeno a los desalientos,
inasequible al cansancio,
sigue el tipejo aburriendo
con su largo verso rancio!!

Al fin, cayó de la higuera.
Mudo quedó cual estatua
é de su rostro de piedra
rodó una lágrima clara.

He dormido hasta a la ninfa...
Hasta la musa durmióse...
Cruel destino que hinflas
este pecho de ilusiones...

(Hasta para con sí mismo
es pesado el interfecto,
¿Non cejará de sus trinos
ni dormido ni despierto?)

Tú que mi alma floreciste
escuchando con anhelo,
tú que a tu nombre le diste
sentido oyendo a este viejo:

Al fin también te aburriste
con mi triste verborrea.
¡Cruel destino, me hiciste
creer que Ella creyera!

E dejando al fin su lira
junto a aquél fermoso torso
dormido de la su ninfa,
fizo mutis por el foro.

Alonso Cano: Ninfa Dormida. Museo del Prado. Madrid

viernes, 19 de agosto de 2005

Don Saulo y el dragón

Dedicatoria: A mi esposa
y a mi hija lo dedico.
Pues sin su ayuda esta obra
jamás hubiera existido.



Estaba Saulo currando,
apurando su faena,
cuando fue a sobresaltarlo
la llamada de su dueña.

Gritos horribles se escuchan
en el su auricular,
y aunque nada desembuchan
sabe que son en su lar.

Tan sólo oye aterrado
el gemir de la su hijita,
que con dos años contados
su garganta desgañita.

"¿Qué sucede?" - angustiado
interpela al aparato -
"¡Decidme qué está pasando!
¿A qué viene tanto llanto?"

Al otro lado del hilo,
escucha a la su mujer,
gritar: "¡Corre, Saulo mío,
o a las dos nos perderéis!"

Espantado, deja todo.
Vuela por las escaleras.
Como loco arranca el coche,
gira la esquina en dos ruedas.

Engancha sin miramientos
la conocida emetreinta:
el límite pasa por cientos;
la multa será de estrella.

Cual chumaquer encelado
las curvas traza por fuera,
por los carriles saltando
todo el tráfico sortea.

Diez minutos - y son muchos -
se demora en arribar.
Aparca - se deja las ruedas -
en la puerta de su lar.

De un salto, sube escalera.
La llave mete en el aire
è como una tromba entra
exhorcizando el desastre.





Encuentra a las sus dueñas,
que son su filla è mujer,
alzadas de las cocinas
en la mesa de comer.

Gritan tan desaforadas
que no han visto su llegada,
è dirigen aterradas
su mirada a la ventana.

Cual un caballero andante,
a molinos enfrentado,
con zancada de gigante
nueso Saulo va gallardo.

Y encuentra - non dire una,
ni dos, más bien diré tres -
lagartijas con hambruna
de triste è blancuzca piel.

Mira asombrado la jarra
que en pulido fregadero
da cobijo a la camada
de reptiles medio muertos.

La más grande, medio palmo.
La más pequeña, un dedal.
No sale de su asombro Saulo:
los dragones,¿dónde están?

Incrédulo mira a los lados
y encuentra de su mujer
los ojos desorbitados
que le indican: "¡èso es!"

Mas non sale de su asombro.
Ahora sí paralizado,
pregunta sobre su hombro:
"¿cuál es el desaguisado?"

"¿Pues non los ves?" - le responden
desde la mesa en el acto -
"¡Cien monstruos han escapado
desde la jarra de barro!"

"¿Monstruos? - vuelve la cabeza -
"Sólo veo lagartijas,
unos pocos medio muertas
è las otras, bien canijas"

"Pues eso, que se han escapado
de la jarra del jardín,
que habíamos olvidado
è quise fregar por fin."

"¡Voto a todo!" - aún no sale
de su asombro el interfecto -
"¿Non existe otro percance?
¿Me habéis llamado por...ESTO?"

"¡Pero si son lagartijas!"
- dice al borde de su aguante.
La madre abraza a su hija:
"¡Son lagartijas mutantes!"

"¿Mutantes?¡Unas narices!"
Mas le replica su esposa:
"¡Son mutantes como dices.
Sus dedos tienen ventosas!"

"Pero... mi buena mujer,
cómo piensas que se suben
las pobres por la pared...
¿no será que has visto 'UVE'?"

(Coje a los animalillos
que resbalan sin consuelo
escurriendo sus dedillos
por el liso fregadero)

"Voy a dejar a estas pobres
en la tapia del jardín,
que como comen insectos
se darán un buen festín"

"!Ni se te ocurra dejar
esos monstruos en el nuestro!
¡Si non los quieres matar,
tíralos, mas fázlo lejos!"

"Pero, cariño" - le advierte -
"si en el nueso jardín
a sus anchas campan siempre
del uno al otro confín...

¿Acaso tu no decías
que eran buenas para el césped,
que los insectos comían
que protegían los parterres?"

"Sí, ¡pero estas son mutantes!"
- la voz le sale un graznido -
"¡ya te lo he dicho antes:
tienen el color perdido!"

Perdido el color si llevan,
mas no acierta a discernir
si es del susto que blanquean
o es de no poder salir.


San Jorge, el dragon y la doncella-David Manzur-1999


"En fin, que vamos a hacerle!"
- las mete Saulo en un tarro -
"me las llevaré al parterre
que tiene el vecino al lado"

"¡Ni se te ocurra tan cerca!
Son capaces de volver
y atacarnos por sorpresa.
¡Tíralas lejos, pardiez!"

Vuelve Saulo a sus tareas
a retomar su faena,
donde fue a sobresaltarlo
la llamada de su dueña.

Fueron diez mil de las ruedas.
Del llantazo, quinze mil.
Tuvo que hacer horas extras,
è se quedó sin dormir.

La multa por el su exceso
de velocidad fue tal
que pensó: "non salí ileso.
Me hirió el ser infernal."

Otra colonia en dos días
acampó en el su jardín,
de pequeñas lagartijas
que se quedaron por fin.

Eso sí, no eran mutantes,
eran como las demás.
Con ventosas e cambiantes
de color epiteliar.