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viernes, 4 de junio de 2010

De Doña Toti è las curvas

Lo reconozcáis o non,
ha sido por culpa vuestra
el tremendo coscorrón
que adorna la mía testa.

Que iba tranquilo yo,
por la calle paseando
cuando me crucé con vos
è ¡qué queréis! soy Don Saulo...

Paladín del buen amor,
por su güen gusto famoso
aunque en más de una ocasión
le haga perder el decoro.

Yo fue veros è torcer
el mi gaznate en redondo,
en muestra como un lebrel
quizá figuré a sus ojos

mas señora, comprended,
que cualquiera se embelesa
al cruzarse con usted
rebosante de belleza.

Hasta aquí todo es normal:
yo en mística contemplación,
vos en vueso caminar
ajena a la situación.

Mas aquí viene el problema:
vuelto mi rostro hacia el sol
de tan fragante belleza
recibo de sopetón
de Afrodita la traviesa
celosa por la atención
que su hermosura despierta
en mi pobre corazón
la venganza más aviesa,
colocando en el camino
entre mi testa perdida
è de mis pies el destino
una metálica viga
con un cartel que con tino
anuncia en inglés 'estop',
que no es otra cosa, digo
que 'pare usted, por favor'
en la extraña lengua escrito
de uso en la Pérfida Albión.

Pararme, paréme en seco
è los mis pies con razón
quisieron seguir el vuelo
que seguía mi corazón.

Malhaya suerte la mía,
pues todo hombre corriente
tiene en la su anatomía
partes menos obedientes.

È si el corazón subía
è la mi testa volaba
è los pies ascendían,
el mi trasero bajaba.

Fue quando con mis huesos dí
en el prosaico empedrado
de la realidad más vil
è sólo quedó en lo alto
mi sombrero è nada más,
que tardó en caer un rato
aunque lo fizo al final
tras elegante trazado
sobre el residuo animal
que por allí había dejado
algún despistado can.

Total, que Saulo en los suelos
con el rostro cual la grana
sólo en el lado derecho.
En el izquierdo, la marca
que pronto tornó a violácea
del golpetazo tremendo.

Cuando me fui a levantar
iba pensando esta cosa:
"Aquí falta una señal
que dí curvas peligrosas

È si me piden parar
que lo fagan unas pocas
de brazadas más atrás
para gozar de tal moza
sin peligro de palmar."

Pero lo doy, vive dios,
todo por bien empleado:
non cambiaría el coscorrón
ni me duele el costalazo
con tal de veros a vos
con el pañuelo en la mano
transida por la emoción
las lágrimas enjugando.

Lástima fueran de risa
è non de preocupación,
mas sospecho que Afrodita
hasta aquesto me robó.


A vuesos pies,
el tal Saulo.

(Literalmente, por cierto...)

martes, 25 de abril de 2006

España, Hispania, shpn

http://www.worth1000.com/download.asp?image=44774&display=photoshop



"La Tierra Cunicular"
bautizaron los fenicios
al poquito de arribar
a España en tiempos antigüos.

Tal me mueve a reflexión,
pues errarán, non lo dudo
en la su enterpretación
académicos sesudos.

Que buenos conejos tiene
nadie lo podrá negar:
todo español se detiene
cuando salen a pasear.

Saludan si uno se avista
- aún a riesgo de un esguince -
hasta perdello de vista
todos sus miembros en firmes.

¿Cultivaron los fenicios
el deporte nacional,
con la que quedara a Tiro
o a Sidón, lo mismo da?

Sus esposas, ¿qué dirían
cuando al volver de tan lejos
les contaran que volvían
de "Tierra de los Conejos"?

(Peor sería sin duda,
la reacción de sus esposas
si llamaran a esa ruta
"La Tierra de las Raposas")

¿Fué la española al fenicio
cual español a la sueca?
¿Qué escarceos nos perdimos
por non tener filmoteca?

Quizás con razón se diga
que eran grandes navegantes
si hasta España se venían
para cazar los tunantes.

Así debió caer Tiro,
è que exculpen a Alejandro.
Se mudarían los fenicios
más cerquita, hacia Cartago.

jueves, 20 de abril de 2006

De roedoris fugit




DonSaulo, ¿por qué non fizo
glosa alguna de aquel día
en que fuimos de bebidas
¿Será porque usted non vino?

Aunque non viniera, ¿y qué?
merécese una coplilla
la graciosa aventurilla
que ocurrió con el jersey.

Los Borrachos, a coro





Aunque non fuese al evento,
fabrá poco que decir
si sólo quedó contento
el que se largó de allí.

Que de ustedes, non sé nada.
De Alegría, sé que huyó.
Mas ni una sóla palabra
de todo el que se quedó.

¿Que farían vuesas mercedes
para haber de desterrar
su memoria de sus mentes
è nunca más recordar?

Díganlo, pues non recuerdo
que contaran ni palabra
salvo criticar al muerto
aún tachándole de rata.

È la cosa me preocupa,
pues estando Miguelito
algo pasaría sen duda
digno de un buen chascarrillo.

Venga, cuente, perillán,
è non quede en incitarme
que en el arte de citar
en plaza, no hay quien me gane.

DonSaulo, a puertagayola





Mire, Saulo, usté ya ha estado
en alguna dèstas juergas
emagine que ha pasado
è después glose la nuesa.




DonÁlvar, ensistiendo.





Parco el pase de muleta,
è tan corto se quedó
que cornada è voltereta
se merece el vueso error

Yo ya estuve è las glosé
puntual è una por una
desde ElDoble al Pub aquél,
con cubata o aceituna

Si yo iba, de Araceli
se fablaba o de cartones
è glosábamos del Deivin
memorables actuaciones

Mas si falto, no hay cronista;
se reunen veinte ojos
mas nenguno tiene vista
cuando sólo estáis vosotros

DonSaulo, ahora quejoso






Vaaaaaale

Non estuvo el Miguelín
mas si vino el tal Simón
que le pegó al botellín
y luego también al ron.

Se perdió el Alegría
cual rata desorientada
pero Angulo sonreía
presa ya de la tajada.

El Rodri, que se pasó
con los dobles de cerveza
cuan las copas se marchó
a casa con presteza.

Non podremos olvidar
el paseo que López dio
para aparcallo, al final,
donde antes lo sacó.

Hubo variados regalos,
dádivas è presentes:
espada en forma de falo
è tarjetas repelentes.

En estas que el homenajeado
de repente se esfumó.
Abducido è secuestrado
por efluvios del acohol,

olvidose la zamarra
de color rojo bermejo.
Fue por culpa de la farra
è de huir como un conejo.




DonÁlvar se lanza al ruedo





Olvidòse de contar
el episodio de las gafas
ocurrió despues de mamar
y del paseo de marras

Angulín le arrebato
las antiparras al Rodri
y despues se las cedió
al camarero de estranjis.

Creo que sucedió asín
mas non me hagais mucho caso
pues largo me afectó a mí
ingerir vaso tras vaso




DonSimón, cual espontáneo





Vive Dios que ni en mil años
si el tal DonSaulo viviera
que a su cita respondieran
ambos dos, habría esperado.

Aclarado queda el tema
de poqué non hubo glosa,
agora entiendo la cosa:
el que non vió, non recuerda.

¿Acordaron devolver
al contertulio DonÁlvar
las ocultas antiparras
a la hora de volver?

Lo que hubiera acaecido
comprendo non recordara
(salvo el rumor de "La rata
se nos antoja que ha huído")

Aún así con esta banda
mejor non llevar lentillas
pues robarían sus pupilas
en ausencia de antiparras




DonSaulo, se va lanzando





Por supuesto amigo Saulo,
y en respuesta a su pregunta
creo que fue también Angulo
quien le devolvió gafa y funda

no obstante no fue eso todo
pues para su admiración
no fueron las que traía
sino otras de cotillón

DonSimón, desmelenado





Ya me emagino a Don Álvar
con antifaz embozado
en llamando a la su casa,
pues las llaves ha olvidado.

Ya me emagino a su madre
que se asoma a la mirilla
è gritando que apalanquen
el portón a la familia.

Ya me emagino al mentado
explicando al policía
que las gafas le han robado
sentado en comisaría

Ya me emagino.... ¡diantres,
que yo también llevo dèsas!
Olvidáos de mí, tunantes,
si váis a tomar cervezas.

DonSaulo, horrorizado







Me prestaré, resignado,
a facer glosa é coplilla
del evento, aunque quedamos
en que paguéis otro día:


De roedoris fugit

Allí fue DonÁlvar (Rodri),
Angulo è también Carlitos,
el Alegría y el Deivin.
Non figura Miguelito.

De presentes van cargados:
es día de despedidas
pues Javi se disponía,
como rata, a abandonallos.

Le entregaron los regalos:
primero una espada láser
para que les recordase
pasando muy buenos ratos.

Era la espada retráctil,
o mejor dicho extensible
pues encogida se sirve
è aumenta con gesto fácil.

Ya emaginarán vuecencias
los usos que prometía:
formóse una algarabía,
derramáronse cervezas.

El segundo, una diana
y el deseo de que esta vez
fuera meior al lebrel
è con la empresa acertara.

El tercero fue un muñeco.
Como una premonición,
"¡Es una rata!" - gritó -
el alegre bandolero.

Con este ritmo pausado
fueron cayendo los dobles:
"¡Bébelo deprisa, hombre,
que el resto hemos terminado!"

Con aquello de que "paga
la siguiente el Alegría"
otra ronda se pedían
apoyados en la barra.

Flotaban los pepinillos
anchoas è cebolletas
entre mares de cerveza
en las tripas de los cinco.

Alguien dijo: "Hay que comer.
Que si non comemos nada,
estaremos mal mañana."
(Cual si pudiese estar bien)

"Vámonos al bar de al lado,
que en éste no tienen tapas."
(gritando "el último paga"
salieron escopetados)

Entraron en el local
è pidieron las raciones.
Se pidieron otros dobles
para que puedan pasar.

Canturreaba la tropa:
"Paga el ojomeneado"
al camarero llamando
è pidiéndose otra ronda.

Al cabo de cien cervezas
salió la rata por pies
en dejando su jersey
olvidado en la carrera

Parece cosa de brujas.
¿Do se marchó? non se sabe.
Mas su foto está en los bares.
bajo un cartel de "Se busca"

DonSaulo

viernes, 4 de noviembre de 2005

Hestoria de engenua filla por grana capuz tocada

(sepiensa.org.mx)

Érase una vez que había
junto a los bosques, un lar
do una fermosa chiquilla
moraba con su mamá.

Tuvo a bien la suya madre,
pues non les sobraba ropa,
con unos viejos retales
facerle una capa roja.

Cuando corría fermosa
entre los robles è tilos,
"Es Caperucita Roja"
- se admiraban los vecinos.

Un día, que Caperucita
correteaba en su jardín
entre las flores jugando
en su inocencia, feliz,

oyó a su progenitora
llamar desde las cocinas
è fue hasta allí sin demora
por saber lo que quería.

"Por hoy se acaba la fiesta
que has de facerme un recado"
- dijo tomando una cesta
è colgándola en su brazo.

"En aquesta cesta tienes
una pequeña merienda,
con pasteles, miel è leche
que has de llevar a tu abuela.

Mas non cruces por el bosque.
Toma el camino que lleva
entre tilos è alcornoques
cual si fueras a la escuela."

Arrugó el ceño la niña,
pues el camino era largo
è como jugar quería
pensó tomar un atajo.

Internándose en el bosque,
la enfanta correteaba.
Iba recogiendo flores
con las que un ramo formaba.

Era tal su destracción,
que iba olvidada de todo
y en la cuenta non cayó
de que la seguía un lobo.

Apareció de repente,
en cerrándole el camino.
Astuto cual una sierpe
aquestas palabras dijo:

Foto: Eugenio Recuenco(http://www.gianfrancomeza.com)

"¿Do vas tú, Caperucita,
con esa fermosa cesta?"
"Do mora la mi abuelita,
por darle la su merienda"

"Habemus nieta è abuela"
-tragó saliva el bribón-
"en ganando las dos presas
nueso ayuno se acabó.

"Fermoso ramo, a fe mía
el que lleváis a la anciana.
Del río, en la otra orilla
vi un narciso esta mañana."

Despidióse así el rufián
è corrió sin darse tregua
para al enstante llegar
a la casa de la abuela.

Mientras tanto, la inocente
demoróse un poco más
recorriendo la corriente
en su búsqueda floral.

El lobo llamó a la puerta
de la infortunada anciana
è fingiendo ser su nieta
tocó suave en la aldaba.

-"¿Quien llama?"-"Caperucita"
- dijo con voz simulada -
"Pasa, mi nieta querida,
estoy enferma en la cama"

Entró el lobo. En un enstante
devoró a la pobre abuela
entre sus enormes fauces
è disfrazose de ella.

Llegando a casa la niña,
encontrose a un cazador,
que dijo: "Caperucita,
¿has visto al lobo feroz?"

"En el bosque, hace un momento,
vi a un lobo cerca de aquí.
Mas parecía un lobo bueno,
muy correcto è muy gentil"

Marchó el cazador aprisa
preparando su escopeta
è al poco, Caperucita
llegó a casa de su abuela.

Llama bajito a la puerta:
"Soy Caperucita, abuela".
"Pasa, querida está abierta,
¿Me has traído la merienda?"
(www.gslis.utexas.edu)

Se acercaba la enfeliz
hacia el lobo sibilino
mas non pudo reprimir
parándose en el camino:

"Oh, abuelita cuán grandes,
è cuán peludas è negras
de tu gorro sobresalen
enhiestas tus orejas"

"Son por escuchar mejor,
querida Caperucita,
vuesa cantarina voz
que nos colma de alegría"

Non bien un paso se acerca
hacia la cama la enfanta
è de nuevo para en seco
inquiriéndole extrañada:

"Sobrecógenme esos ojos
de tan brillantes pupilas"
"Brillan" - le responde el lobo
"por veros tan bien crecida."

Aún se acerca temerosa
è llegándose a la cama
le pregunta temblorosa
a la venerable anciana:

"Abuelita, sobresalen
de su boca unos caninos
que en mi egnorancia se antojan
puñales de doble filo"

En aquesto salta la fiera
sobre la pobre chiquilla
è de un bocado se aprieta
a cesta è Caperucita.

Hay quien dice que después
alertado por los gritos
vino el cazador aquél
è tal entuerto desfizo.

Otros dicen que se escucha
aún al lobo feroz
que por las noches aúlla
de tan grande endigestión.

È quien jura que en tal cuento
falta una escena de cama
è que non es tan cruento
salvo a oídos de las damas.

Como sea: si en un bosque
vuecencia a un lobo encontrara,
dónele el ramo de flores
è corra llamando a un guardia.

(espanol.geocities.com/renaultoriginal/varios/curiosidades)

lunes, 26 de septiembre de 2005

Carreras è carruajes





Ya fue hipólito DonSaulo
de las huestes macedonias
a las órdenes del Magno
compartiendo sus victorias.

Èl salió de Cartagena
cabalgando junto a Aníbal
que elevó hasta la leyenda
su invicta caballería.

Fue un equites de Julio,
auriga de Belisario,
desde Hispania hasta el Danubio
a los bárbaros frenando.

Junto a Eutiquio muchas veces
venció con los Verde Puerro
recibiendo los laureles
de manos de El Carnicero.

En día que Justiniano
el hipódromo cerró
en la dorada Bizancio,
el tal DonSaulo emigró.

A lomos de un dromedario
tras cruzar la ardiente Arabia
lloró a su pobre Carthago,
í entró con Tarik a Hispania.

En Córdoba la Sultana
desfrutó de los serrallos,
su Biblioteca è sus cuadras
de magníficos caballos.

Después de los bereberes,
è antes de lo de Boabdil,
cabalgó junto a las huestes
del famoso Mío Cid


Tras la gesta de Colón
cruzó el mar hasta las Indias
è al continente llevó
la nueva cabaña equina

Sacó fruto a la afición
en tiempos de los torneos
è alguna vez conquistó
de noble dama el pañuelo

Fué más tarde campeón
en los Campos Elisèos.
(hasta la Revolución,
que anuló tales eventos)

Él desputó algunos Derbies
desde Liverpool a Londres
para placer de las ladies
è ruina de algunos lores.

Llegado el tiempo de Fangio,
de Agostini, de Angel Nieto,
decidió mudar Don Saulo
hacia el caballo de fierro.

En Silverstone, Nürburgring
en Magny-Cours o Estanbul,
en Monza,Spa, Hockenheim
Imola o Kuala Lumpur,

ha gozado el perillán
la su frenada apurando,
achuchando en la chicán,
hasta la bandera a cuadros.

È al egual que es Montecarlo
el circuito más famoso,
hoy reconoce Don Saulo
que no hay nadie como...




miércoles, 21 de septiembre de 2005

De la nuesa visita a Manzanares del Real










Fui con mi filla ì esposa,
mi cuñada è mi sobrino
a visitar de mañana
la villa de los castillos.

Manzanares del Real,
villa de rancio abolengo
que el Marqués de Santillán
honrase con su gobierno.

Su lago es de limpias aigüas
è rodeado de flores.
(sintió prisa en mi cuñada
por facer aigüas menores)

"Veamos la fortaleza,"
-dio la mi esposa en fablar-
"Do habitó en la Edad Media,
el prohombre Santillán."


Qué tapices, qué belleza,
è cuan antigüos salones.
(¡Por cuan angosta escalera
bajé de los torreones!)

Las pétreas armaduras
bruñidas nos saludaban.
(A admirar sus partes duras
dedicóse mi cuñada.)

-"¡Voto a Bríos!" -dijo ella
de su dureza prendada.
(palpando dèsa faldilla
do colgaban la alabarda)

"Si aquestas son las faldillas,
¿cómo es la cota de malla?"
(palmeaba la muy pilla
è sus ojos bizqueaban)


Por almenas sube è baja;
ficimos retratos mil
en el scriptorium mapas
fabía en román paladín.

Fue al terminar el periplo
do dimos cuenta temprana
de cervezas é de tintos,
è callos con pan de hogaza.

"¡Por fambre me vendería!"
-afirmaba la mi esposa-
"Busquemos hospedería
donde resolver la cosa."

Fuimos, mas con tal desgracia
Que llegados a taberna
Nenguna caía en gracia,
O la demora era eterna.

-"Aunque por Dios sea maldito
Ya que hoy es Viernes Santo,
me comería un cabrito
con tal de no esperar tanto"

Cuando acabose la espera,
rugían nuesos enfantes:
-"¡Comida-merienda-cena!"
jalando como feriantes.


El vino, agrio è agüado.
El cabrito, burra vieja.
Ojalá hubieran pasado
por aigüa aquestas mollejas.

Cuán ensulsa la ensalada;
los dulces, de pura cera;
la morcilla, mala è cara;
faltó al licor la hospedera...

Pero sí llegó a su tiempo
la misiva con la cuenta.
Fice mil è un aspavientos,
hasta lloré a la mesera:

"¿Cien maravedís demandas?"
-en blanco puse los ojos-
"Si non hemos roto nada..."
-despedíme de mi oro

Dejóme la bolsa flaca
quedó mi panza vacía.
Del mal trago de pagalla
pasé dolor de barriga.

En tomando el carruaje
a toda prisa partimos,
non fuera que otro desastre
nos deparara el destino.



Escuchad mi moraleja:
Si visitáis Manzanares,
no olvidéis facer reserva.
primero, en un restaurante.

viernes, 16 de septiembre de 2005

Del tal Saulo patinazo


Se me ocurre esta coplilla
para asín poder glosar
este dolor de costillas,
que saqué de patinar:

Iba Don Saulo contento,
a su filla acompañando,
a patinar sobre el hielo
más eluso que abrigado.

Creíase el interfecto
con su juvenil talante
que su físico era eterno
è aún exento de achaques.

Calzáronse los patines
que demostraron ser más
torturadores perniles
que botas de patinar.

Salieron al hielo ufanos:
allá va Saulo faciendo
aspavientos con los brazos
como molinos de viento.

Decíale a la su filla:
"dame la mano non sea
que te caigas, hija mía,
en esta resbaladera"

Mas el destino, cruento,
se encargó de demostrar
que del citado sustento
él necesitaba más.

La su filla, escopetada,
sale al instante al albero.
Patina como una bala
dejándole boquiabierto.

Por tanto, el de la perilla
ha de tirar de coraje
è se lanza a perseguilla
iluso cual kamikaze.

¡Albricias! lleva tres metros
è aún continúa en pie
deslizándose en el hielo
tan ligero como un buey.

"¡Cuidado!"-escucha a su lado
è pasa como un cometa
su filla, que ya le ha dado
a la pista cinco vueltas.

Se pica:"¡No ha de quedar
en entredicho mi hombría!
¡Que non me pueda tachar
de cobarde la mea filla!"

Furioso mueve los brazos,
è más parece que rema
que patina mi buen Saulo
iniciando la carrera.

Un patín se queda atrás
è con patético gesto
en el hielo viene a dar
con sus miserables huesos.

"Non pasa nada, a cualquiera
se le escapa una caída"
- piensa mientras observa
de reojo a la su filla.



"Papito, ¿te has hecho daño?"
- pregunta muerta de risa -
"No, amor, estaba probando
si estaba fría la pista.

È has de tener cuidado,
non te vayas a caer,
pues según he comprobado,
está bien fría, pardiez."

Tras sacudirse la nieve
de pantalones è guantes
se despone el inconsciente
a hacer gala de su arte.

Non bien acaba una vuelta
cuando...¡otra vez al suelo!
Tras cómica pirueta
tirado acaba en el hielo.

Esta vez, más precavido,
sólo mira de soslayo
è vuelve a ver a su filla
que se revuelca a su lado:

"Papi, se hace de pié"
- regocíjase tunante -
"¿No te puedes sostener
levantado ni un instante?"

Don Saulo suda de firme.
Embutido en mil ropajes,
endereza los patines
intentando levantarse...

¡Volantín è pirueta!
Cual acróbata de circo
sube al tiempo las dos piernas,
aterrizando de pico.

Cuando al fin se pone en pie,
decide: "doy otra vuelta
è me siento junto a aquél
que se ríe de mis penas"

Ya toma velocidad.
Lanzado va por la pista,
cuando le vuelve a pasar
que un patín se le despista.

Bruscamente gira el cuerpo
para evitar la caída
è que su filla, de nuevo,
se desternille de risa.

Entonces llega el crujido
a la altura del costado.
Don Saulo piensa: "Dios mío,
¿porqué me has abandonado?"

El dolor llega al instante,
como el trueno tras el rayo.
Saulo palpa con los guantes:
"El costillar me he quebrado"

Como no ha caído al suelo,
lo da por bien empleado
por no acabar en el hielo
a la audiencia deleitando.

Tieso cual palo mayor
se dirige a la salida
sin mirar alrededor
ni facer caso a su filla.



Se derrumba en el asiento
palpándose el costillar
sin que se le escape un gesto
con tal de disimular.

"Muerto soy, dèsta me entierran"
- rumia para sí el finado -
"Lo que non sufrí en la guerra,
agora lo estoy pagando."

Ya sentado è sin resuello,
sigue observando a su filla
que se mueve por el hielo
cual en mar la pescadilla.

De vez en cuando le mira,
le sonríe è le saluda.
Devuèlvele la sonrisa
el buen Saulo mientras suda.

Por fin se acaba el tormento,
è ya es hora de comer.
"Por mi, tomaría ungüento
de arnica" - discurre él.

Llegado hasta el su castillo
se derrumba en la butaca
mientras piensa: "Estamos listos,
ahora empezarán las guasas"

En efecto, todo el mundo
o le recuerda la edad
o le dicen que es un burro
por ponerse a patinar.

Él protesta: "Me hice daño
mas fue por non ir al suelo
è aún me sobran redaños
para ententallo de nuevo"

Mientras masculla entre dientes:
"Irá el próximo día
Santa Rita de los Peines
a cuidar a la chiquilla."

martes, 13 de septiembre de 2005

De Don Tiago en el castillo





Ya va Don Tiago emergiendo
desde su oscura morada
hacia el mesmísimo cielo,
lugar que Saulo le guarda.

En homenaje a ese ingenio,
que hoy lo mesmo es espada
que mañana risa è juego
è pasado es almohada,
les publico aquí este cuento.

A esta hestoria emaginaria
diòme pie face algún tiempo
mi DonTiago, una mañana
al contarme que a un evento
en Real Castillo marchaba.

Desculpad si, como siempre,
el tal Saulo emprovisaba
è su lengua de mil sierpes
a menudo se liaba.


(salamancaturismo.com)

Aventuras de Don Tiago
en el Castillo del Buen Amor


Fueron Don Tiago i esposa
- incitados por su hermano -
a Salamanca la Hermosa,
patria del ínclito Saulo.

Decidieron hospedarse
en un cercano castillo
donde habrán de disfrazarse
con ropas de corte antigüo.

Las dijeron: este sitio
solo tiene luz de velas
ya veréis que divertido:
como la antigua realeza.

Bajo la luz de la luna
detienen el carruaje.
Escudriñan la penumbra:
¡alguien se sube al pescante!

Tras una capa iba oculto
de color endestinguible,
enano, feo è chepudo,
de noche, casi envisible

Como por arte de magia
saca un candil encendido
que estaba oculto en la capa
(¿será por el calorcillo?)

Con extraña reverencia
a Doña Mari se acerca
intentando abrir su puerta.
Ella el seguro bloquea.

Se emboza tras la capucha,
mas a la luz de la vela
una ausente dentadura
de grandes encías muestra.

(www.dvdbeaver.com)

Despues de la extraña mueca
a modo de bienvenida,
inicia otra reverencia
è andando hacia atrás recita:

"Su señoría descienda
tranquila del carruaje
que aunque bien feo mi menda
nunca se ha comido a nadie"

Baja Doña Mari al rato,
temblando cual flan de huevo
y entre dientes mascullando:
"pues sí que es feo el portero"

"A su servicio, soy Aigor.
Permítanme su equipaje."
(Abre el portón mi Don Tiago
è se lo alarga al instante)

"Síganme ustedes" - afirma
arrastrando las maletas -
mientras Don Tiago patina
por el barro tras la vela.

Un trueno estalla en el cielo,
mas no amenaza tormenta.
Doña Mari, del estruendo,
le salta a Tiago a la chepa.

Así van cruzando el foso:
primero, pasa la vela;
detrás viene el mayordomo
arrastrando las maletas;

mas atrás, formando un grupo
de curiosa silueta
vienen Tiago è Doña Mari.
(esta última, en su chepa)

Golpea el enano la aldaba
y en el vacío resuena.
Chapoteando en el fango
nuesos amigos esperan.

Un crujido a yerro viejo
terminado en fuerte golpe,
acompañado al momento
con el chirriar de los goznes

anuncian a los calados
que van a ser recibidos.
Ambos avanzan temblando
por el tal Aigor seguidos.

La luz de los candelabros
arroja luz sobre el hall,
tan grande como un estadio
è frío como glaciar.

Entre las sombras cambiantes
por efecto de las llamas
que el viento mueve, constantes,
creyó ver Tiago fantasmas.

Da codazos a su esposa,
que en su chepa sigue izada,
y que a este paso le ahoga
a su pescuezo aferrada.

"Bájese ya, mi señora,
è non tema a los fantasmas.
Son sólo unas pocas sombras
acuciadas por las llamas."

Desciende Mari, despacio.
È por fin suelta su presa
de la garganta de Tiago,
que medio ahogado boquea.

Según pone un pie en el suelo,
de entre las danzantes sombras
emerge, de carne ì hueso,
lo que parece una moza.

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Del corpiño medieval
el pecho escapar intenta.
Luce un blanco delantal
è la cabeza cubierta.

"Muy buenas noches, señor.
Les echábamos de menos.
Síganme hasta el torreón,
do se encuentra su aposento"

Entrégales un candil:
"Non vayan a tropezar.
La escalera tiene mil
escalones, nada más."

Sube la moza primero,
Doña Mari la siguiente,
Don Tiago toca el trasero
de su esposa, con su frente.

Aún se alegra: "menos mal
que no puede con las piernas
o acabaría por dar
su talón en mi entrepierna"

Cierra el séquito, ascendiendo
el chepudo maletero
que arrastra entre juramentos
las maletas por el suelo.

Cuando llegan al final
del angosto torreón
amenaza clarear.
Exahustos están los dos.

"Su aposento" - dí la moza
entregándoles la llave
de puro yerro, herrumbrosa
que pesa doze quintales.

Don Tiago mete la llave
mientras piensa: "¿para qué?
por la cerradura cabe
hasta mi esposa de pie"

Aigor suelta las maletas
según entran en la sala
è se marcha con su vela
sin decir una palabra.

La moza - y su mostrador -
les dice: "cierren la puerta
cuando estén dentro los dos,
è non abran si golpean."

Por tan extraña advertencia
iba Tiago a preguntarle
pero al irse a dar la vuelta
allí non quedaba nadie.

Se acerca a las escaleras,
escudriñando el vacío
mas ya non se ve la vela
ni se escucha ningún ruido.

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Se vuelve al cuarto extrañado,
do Doña Mari le espera
sujetando el candelabro
pegada a la misma puerta.

"Tia-ago" - balbucea la pobre -
"He visto moverse algo"
"Serán las sombras" - responde
poco convencido Tiago.

Avanza con gran cautela
intentando eluminar
la habitación con la vela.
Da dos pasos, nada más.

Al instante, suena un ruido
como si alguien corriera.
Pensó - "quizás sea un chiquillo
que está jugando ahí afuera"

Toma a Mari de la mano
elevando el candelabro.
Ahora, que está iluminado,
non parece tan macabro:

La sala es espaciosa.
Las paredes de sillar,
el suelo de pura losa
pulida por el pasar.

El techo queda tan alto
que sólo ve, bizqueando,
un poco de artesonado.
Parece labrado a mano.

A su espalda está la puerta.
Junto a ella, un escritorio
de apolillada madera
do escribieron El Tenorio.

A su izquierda hay un tapiz
gótico, si no es más viejo,
en el que se ve un jardín
è alguien bailando en el centro.

A su diestra, una ventana.
Más diría, un agujero.
Es más estrecha que alta;
el muro es de metro y medio.

Frente a ellos, aunque lejos,
está la otra pared
más o menos a diez metros,
y una cama con dosel.

Temblorosos se aproximan
y a medida que se acercan
observan que las cortinas
del dosel cuelgan ligeras.

Tanto, que el aire las mece
cual si alguien las moviera
Tiago dice: "Me parece
que es el aire que se cuela."

Mari le clava las uñas,
clavada ha quedado al brazo
y con tal fuerza le estruja
que hasta el hueso han alcanzado.

En ésto estaban los dos,
llegándose con sigilo
al su tálamo de amor
cuando se escucha un gran ruido.

Al dosel se precipitan
sin volverse ni a mirar.
Atraviesan las cortinas
que se abren al pasar.

Caen en un lecho mullido,
de gran altura y tan blando
que quedan del todo hundidos
en una trampa atrapados.

Tiago intenta levantarse
Mari, histérica patea.
pero la mullida carcel
impide que ambos se vean.

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Separados por quintales
de lanas y de algodón,
ambos intentan zafarse
del abrazo del colchón.

Por fin Tiago se incorpora
separando las cortinas.
Se cerró la puerta sola,
tal fue toda la desdicha.

La maleta aún espera
junto a la puerta cerrada
y con la luz de las velas,
parece cual si bailara.

"Vamos a abrir la maleta"
- dice mientras da la mano
a su esposa que aún se encuentra
en el hoyo, braceando.

Con grandes pasos se acerca.
"¿Quien dijo miedo?" - sacando
pecho como una estanquera
de Fellini va avanzando.

Tira del asa con fuerza,
mas no se mueve ni un palmo.
"¿Que has metido en la maleta?"
- inquiere a Mari, gritando.

Mas la respuesta non llega,
è Tiago se está cabreando
"Que ¿qué has puesto en la maleta?"
repite Tiago, gritando.

Ve que Mari está muy quieta.
A través de las cortinas
Tiago ve su silueta
como en granito esculpida.

Abandona el equipaje
è se dirige al dosel
preguntándole: "¿Qué haces?"
Mari no le mira a él.

Tiene la vista clavada,
los ojos de puro vidrio,
en la cercana ventana,
a la espalda de mi amigo.

Despacio se da la vuelta
è ve una sombra furtiva
que, en dirección a la puerta,
por el suelo se desliza.

"¡Ya estoy harto, voto al cielo!"
Salta otra vez de la cama
pero la sombra del suelo
vuelve rauda a la ventana.

"¿Lo has visto?" - dice su esposa -
"Era un fantasma, seguro.
Tenía una faz horrorosa
y cruzó por ese muro"

"¡Qué fantasma ni fantasma!"
- dice Don Tiago, enfadado -
"El cierre de la ventana
debe de estar oxidado.

Empiezo ya a estar bien harto
de tanta cosa tan vieja.
Voy a pedir otro cuarto
sin cortinas è sin velas.

Si hubiéramos reservado
en el Hilton, como todos,
estaríamos gozando
del jacuzzi como locos.

Que si rollo medieval,
que si fiesta de disfraces,
ya verás como, al final,
no habrá ni donde lavarse."

Su discurso causa efecto
en Doña Mari, que mira
al su alrededor de nuevo,
è que una mueca perfila:

"Es cierto, ¿dónde está el baño?
¿No era individual?
No digas que para usarlo
se turna aquí el personal..."

"Es cierto: reclamaremos.
Yo quiero otra habitación.
Con baño y tele, diremos,
y con un buen ascensor.

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Y el teléfono, ¿lo has visto?
llamaré a la recepción.
Que nos lleven a otro piso,
a una buena habitación.

Se pone Mari a buscarlo.
En la mesilla, no está.
Tiago toma el candelabro
por poder ver algo más.

Lo sujeta bien en alto.
Non llega luz al final.
Se dirige allá mi Tiago
a quitar la oscuridad.

"¿Dónde habrán puesto al maldito?"
Calla: dos ojos de gato
dorados el observan fijo
bajo un mueble agazapados.

Se acerca el valiente Tiago
que de sustos ya está harto
arrimando el candelabro
a desalojar al gato.

Mas no hay nada, o el tunante
de tal forma se ha escondido
que no puede echarle el guante
ni ver dónde se ha metido.

Abandonando la caza
se vuelve a echar un vistazo
pero en los muebles no hay nada.
¿Dónde estará el aparato?

Va a dar la vuelta a la estancia
a la pared arrimado
cuando percibe a su espalda
otra vez, un ruido raro.

Es Mari, que ahora su boca
con sus manos ha tapado
y que mira, como loca,
otra vez al empedrado.

¡Ya está otra vez el espectro!
Hacia él se va Don Tiago.
Como arrastra por el suelo,
intenta en vano de pisarlo.

"¡Es una sombra, tan solo!"
Pero, ¿qué la ha provocado?
como la boca de un lobo
se encuentra el artesonado.

Sube encima de una silla
alumbrando todo el techo.
Al momento, trastabilla,
porque non puede creerlo:

Todo aquel artesonado
es un relieve completo
de un satánico retablo:
demonios bailan con muertos.

Mira a Mari boquiabierto,
pero ella non le mira.
Con los ojos muy abiertos
aférrase a las cortinas.

En esto, les sobresalta
otro familiar sonido:
es el móvil, que descansa
en el fondo del bolsillo.

Oye la voz de su hermano:
"¿Dónde estás, en carretera?
¡Que te estamos esperando
aquí la familia entera!"

"Que, ¿dónde estoy, me preguntas?
¡En el maldito castillo,
luchando con la penumbra
è medio muerto de frío!"

"¿En el castillo? Imposible.
Si te estamos esperando
sentados en los jardines
è por aquí no has pasado."

"¿Jardines? Non ví ninguno.
Aquí he visto solamente
un foso más bien oscuro
è non ví a ninguna gente"

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"Tú me estás tomando el pelo.
¿Estás en la habitación?
¿Cómo has pasado sin vernos
a coger el ascensor?"

"¿Ascensor?¿Estás de guasa?
Subimos mil escalones
siguiendo a una moza rara
que enseñaba los pezones..."

"Venga, Tiago, estás de broma.
Yo no he visto a nadie así.
Y pronto será la hora
de comenzar el festín.

Las luces van a apagarse
sólo quedarán las velas
la gente va a disfrazarse,
¿dónde están las escaleras?"

"Pues según hemos entrado
parten justo a la derecha"
"En la entrada estoy yo, Tiago,
y no hay ninguna escalera"

"¿Y al chepudo, ¿no le has visto?
¿No ha salido a recibirte?"
"¿El chepudo? Mira, chico,
nunca oí excusa más triste."

La conferencia se corta:
la batería se ha agotado.
Va a la ventana è se asoma.
Lo que ve le deja helado:

Afuera, todo es penumbra.
No hay luz ni en el horizonte,
sólo el viento, que susurra.
Juraría que su nombre.

Entre jirones de niebla
aparece ante su faz
como un rostro, que se eleva
y que susurra a la par:

"Tiago, Tiago, ven a mí;
salta desde esa ventana
por donde un día caí
cuando era moza lozana"

La niebla ententa atrapallo.
Lanza el móvil contra ella
mas la atraviesa, volando.
Suena una risa perversa...

Sale corriendo por fin.
Enganchando a Mari al vuelo
y dejando tras de sí
el equipaje en el suelo.

Descienden los escalones.
Más que de pie van rodando
entre gritos y empujones
a los santos conjurando.

Irrumpiendo en el salón,
corren hacia la salida
sin fijarse en la reunión
que a sus espaldas había:

Unos seres transparentes,
cual de vapores compuestos
danzan, ríen, se divierten,
alrededor de un gran fuego.

Tiago tira del cerrojo
que pesa como un demonio
Mari mira de reojo
y ve que vienen los monstruos.

Hinca uñas al momento.
Don Tiago, pega un respingo
el cerrojo queda abierto
è fuyen, enloquecidos.

Sin mirar siquiera atrás,
resbalando por el fango,
llegan al fin donde está
el carruaje esperando.

Arranca raudo y veloz.
Las ruedas despiden barro
que atraviesa sin tocar
a aquellos espectros blancos.

A base de acelerar,
poco a poco va dejando
a los espectros atrás,
hasta que salen del fango.

Cuando, ya en la carretera,
mira a su retrovisor,
no ve nada: pareciera
que fue todo una ilusión.

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Un cartel a su derecha:
"Castillo del Buen Amor"
apunta a una carretera
que va en otra dirección.

La toman y al poco rato
aparece otro castillo
por un jardín rodeado
con miles de farolillos.

La banda toca en la puerta,
con atuendo medieval
parécese que la fiesta
acabara de empezar.

En efecto, según llegan
sale su hermano a abrazarle:
"Tiago de mis entretelas,
¿Dónde estabas? Llegas tarde"

Mira a Mari, y adivina:
"¿Se ha puesto mala, señora?
Tiene cara de enfermita,
pálida è hasta ojerosa"

"Venga, sacad las maletas
que el jolgorio va a empezar"
Rindiéndose a la evidencia,
Don Tiago va a confesar:

"No tenemos ya maletas.
Las tuvimos que dejar
al salir a la carrera
de aquel horrible lugar"

"Venga, Tiago, deja el rollo.
Que lleges tarde, lo acepto
mas non me trates de bobo
endosándome ese cuento.

Si a través de tu cristal
estoy viendo tu maleta...
abre ya el portón de atrás
è dejémosnos de tretas"

Abre Tiago el maletero,
baja incrédulo a mirar.
Las maletas, en efecto,
se encuentran en su lugar.

"Tan sólo ha sido un mal sueño,
me lo he debido inventar.
Pero..." - busca con empeño -
"y mi móvil, ¿dónde está?"

Mira a Mari: es como cera
Toca su brazo: allí están
las marcas que en la contienda
dejó al sus uñas clavar.

Fue lo último que fizo
justo antes de desmayarse.
En parihuelas, sus primos
les llevaron a acostarse.

È, desde el día siguiente,
si les recuerdan el caso,
les castañean los dientes,
tan sólo de recordallo.
(www.notodohoteles.com)

viernes, 2 de septiembre de 2005

Admiróse un portugués


Gusta Don Saulo, también,
de goçar con otros trovos
que - aunque escritos por otros -
fácenle sentir fetén.

Una vez le pregunté
si conocía algún poema,
è, con locuaz verborrea,
declamó el del portugués:

173(www.audiospot.es).jpg


"Admiróse un portugués
de ver que en su tierna enfancia
todos los niños en Francia
supieran fablar francés.

Arte diabólico es,
- dijo torciendo el mostacho -
pues, para hablar en gabacho,
un fidalgo en Portugal
llega a viejo è lo hace mal.
É aquí... ¡lo fabla un muchacho!"



De aquesta forma è manera
les prevengo contra él,
o su intensa verborrea
ya non podrán detener.

miércoles, 31 de agosto de 2005

Asunción Real

(www.bdkolyma.com)

Acudió Doña Asunción
a plantar los sus reales
a un ágape en un salón
pensando en los calamares.


Prometía la ocasión,
pues convite de postín
ponía en la invitación.
(ella ayunó desde Abril)


Cuando arribó a tal evento,
la pobre desfallecía
tal era su sufrimiento
por el hambre que traía.


Acercóse el camarero:
una bandeja traía
llena de carabineros
que a Doña Asun ofrecía.

Muy finolis, el primero
toma con delicadeza
mas se aleja el camarero
llevándose la bandeja.

Inicia persecución
del crustáceo disidente
atravesando el salón
mientras empuja a la gente.

(www.divertinajes.com)Ya se acerca. Un par de metros
le separan del manjar,
cuando observa que unos dedos
el último van a tomar.


Salta sobre las cabezas
del gentío que, asombrado,
ve, como a cámara lenta,
a Doña Asun volando.


Llega tarde. De sus dedos
la presa escapa por poco.
Observa girando el cuello
que la ha capturado el otro.

Ella no mira adelante.
Su mirada quedó presa
del último bogavante
que poco a poco se aleja.

Ahora toca que aterrice.
La muchedumbre se aparta
para dejar pista libre,
mientras viene la ambulancia.

Pero nuestra amiga es hábil:
poco antes de estamparse,
con una pirueta grácil
se engancha al cuello de alguien.
(www.bdkolyma.com)

¡Santo cielo, si es la reina!
Mientras la pobre mujer
intenta huir de la presa,
cae Doña Asun a sus pies.



Rompe el collar de la reina
y comienzan a caer
esparramadas las perlas
rebotando por doquier.

Ahora un baile comienza
con todos los asistentes
resbalando entre las perlas
è intentando no caerse.

Desde aquí veo las croquetas
que viajan por los aires
sobre las regias cabezas
y los tocados reales.

Los vasos, muertos de envidia,
no quieren ser menos que ellas
y su líquido destilan
sobre escotes y pecheras.

(www.bdkolyma.com)

Mi Asun mira asombrada
todo lo que está pasando
con las cejas arqueadas,
ojos y boca cual platos.

Caza una cigala al vuelo
y ya se la va a apretar
cuando ve que desde el suelo
alguien la intenta agarrar.


Temiendo por su pitanza,
patalea por librarse
mas con mala suerte alcanza
al intruso en los ijares.

Se oye un grito desde abajo,
todo el salón se congela.
Parecen los invitados
estatuas de sal hebreas.

Pues es el rey quien gritaba
y ahora se revuelca
sobre la alfombra manchada
de cubatas y croquetas.
(www.bdkolyma.com)
Las manos mantiene unidas
sobre su zona "real",
puesto que noble sería
si fuera un marques o un par.



Hablando de pares: lleva
los sus pares tan sujetos
que hasta por su descendencia
temen ya sus consejeros.

Y aunque la sucesión
del trono parece clara,
el rumbo de la nación
podría cambiar la patada.

Los ojos de los presentes
van de Asun al monarca,
que en suelo se revuelve
cual porcino en su cloaca.

Agáchase la mujer
con cara de preocupada
para auxiliar a su rey
puesto que no se levanta.

Pero doblar las rodillas
no puede, no da la falda
y empieza otra pesadilla
cuando la costura raja.

Rásgase con gran estruendo
y Doña Asun se agacha
con gran rapidez, mas temo,
que sobre el pobre monarca.
(www.bdkolyma.com)

El ¡oh! de los invitados
debió oírse desde Francia
al ver a su soberano
bajo Doña Asun, sin faldas.


Se acerca entre resbalones
la reina por el salón
flanqueada de matones
de los de gafas de sol.

Mas no llega, pues resbala.
Se sujeta donde puede
que es en la zona blanda
del matón que la precede.

Es cuando empiezan los flashes
a iluminar la ocasión:
La reina, con sus secuaces.
El rey, bajo mi Asunción.

Fue portada en las revistas
y dieron la vuelta al mundo;
fueron las fotos más vistas
en el siglo veintiuno.
(www.bdkolyma.com)
Dedicado a Ascen

lunes, 29 de agosto de 2005

De Don Tiago Pesadilla

A Tiago, inspirador de mil
historias è mejor amigo aún.


Èra la sètima hora
è Don Tiago rebullía:
entre sus mantas ponzoña
desde sus sueños subía.

Destilaba sus humores
enfebrecido è caliente
soñando con mil ladrones.
Non cuarenta, como siempre.

Alí Babá transformado
en Alí Agka el terrorista
tenía a Tiago sudando,
particular gota fría.

En esto vino a sonar
la trompeta del heraldo
para venirle a enformar
del su castillo llamando.

Despertar fue parco alivio
pues vinieron a decille
que en aquèl, el su castillo,
pululaban malandrines.

"¡Voto a brios, me despierto
è sigue la pesadilla!"
Díjose el interfecto
derrumbándose en la silla.

"¿Non será - pregunta al cabo -
falsa alarma lo que suena?
Mire que ya estamos hartos
de lidiar en estas guerras..."

"Non, Don Tiago, aquí parece
que asalten el su castillo."
- dice el vecino de enfrente -
"Desde aquí se oyen los ruidos".

Salta Tiago de la silla
toma a su Mari del brazo
despierta raudo a su filla;
a su enfante va llamando.

En pejama e camisón
corren todos hacia el coche.
Fué Don Tiago campeón
de rallies aquella noche.

En menos de media hora
se presentan en su lar.
Mientras suena atronadora
la alarma en todo el lugar.

A arrebato ya le suenan
las campanas del su sitio.
Apostado en las almenas
anticípase al conflicto.

"Mas, ¿que pasa, nadie viene?
¿Non se atreven ya a venir?
¡A Don Tiago presto tienen
para matar o morir!"

"¡Ah, cobardes, non fuyades!"
grita desde las almenas
de su torre de homenaje,
aprestando su ballesta.

Mas enemigo nenguno
fizo facto de presencia.
Solamente aquel vecino
era su única audiencia.

Éste, encogido de hombros,
dice: "cumplí mi deber:
me tocaban los mondongos
è quise avisarle a usted"

Pasan las horas en balde
sin enemigo a la vista.
Tan sólo pasan chavales
vestidos de futbolistas.

Preguntan: "Ah de la casa,
¿no habrán visto por aquí
balón que de mi canasta
salió despedido allí?"

Mira Tiago enrededor,
con ceño ceñudo ceña.
Descubre en el mirador
al culpable de la greña:

de baloncesto un balón,
que por la brisa empulsado,
rueda por el mirador
golpeando los mamparos.

Cada vez quel aire entra
gira un poco la pelota.
La alarma que lo detecta
ulula como una loca.

Al fin, mirando con pena
sus fillos adormecidos,
a Doña Mari, su dueña
è al cabrón del su vecino,

vino a convenir Don Tiago:
"Falsa alarma hemos tenido,
a vista del resultado
más valdría haber dormido"

Fuese a dormir ipso facto,
toda la familia en pleno.
Mientras caía dí Tiago:
"Todo ésto ha sido un mal sueño"

jueves, 25 de agosto de 2005

Dulcinea y el fantasma

A Margarita

Forman un grupo local
amante de su folclore
dèstos que van a bailar
a muchas fiestas mayores.

Un día, tras actuar
en el patio de un convento
que fue carcel medieval,
oyeron este lamento:

Grupo Folclórico Virgen de las Cruces, Daimiel (www.fedefolkcm.com)

En estas cuatro paredes
paso encerrado los años,
sin que nadie me libere
a mi suerte abandonado.

Hace mucho, mucho tiempo
que los vivos me olvidaron,
que a nadie ya le intereso,
que aquí solo me dejaron.

Marcharon los carceleros,
los otros presos marcharon
como un alma en pena velo,
y entre las mazmorras vago.

Y tras estos largos siglos
de sufrir en solitario,
cuando creí que los míos
me habían abandonado....

Esta noche vi en el patio
a Dulcinea danzando
¡y pensar que por matalla
en la cárcel me encerraron!

Tras estos siglos de encierro
veo en mi puerta bailando
a aquella por quien fuí reo,
por quien terminé penando.

¡Baila, bella Dulcinea!
Mientras con la parca bailo.
¡Baila, mi dulce doncella,
olvidada de quijano!

Ahora, mi promesa he roto,
é su nombre he mencionado:
aquél que fue tu devoto
al enemigo ha mentado.

Yo al tal Quijote maldigo
è hasta maldigo a su Sancho,
uno por ser mi enemigo,
otro, testigo del acto .

Por él tuve que matarte
aquella mañana fría
que en sus brazos despertaste,
Dulcinea de mi vida.

Mas él, face mucho tiempo
que yace bajo una losa
y yo vivo aqueste encierro
sin que llegue al fin mi hora.

Parca, tú que te burlaste
de aquél pobre è burdo intento
que fice de reclamarte,
de ser, como todos, muerto:

¡Ya la he visto, dame tregua,
permite que al fin la losa
acoja este alma errante
que colgó de aquella soga!

¡Ya la he visto, aquí bailaba
mientras mi alma de muerto
temeroso la observaba
clamando justicia al cielo!

¡Mírame una vez tan sólo,
fermosa doncella mía,
haz que la luz de tus ojos
redima mi alma maldita!

¡Que la muerte al fin se apiade
de mi pobre ánima errante,
que a sus dominios me lleve,
que mi condena levante!

¡Mírame una vez tan sólo,
mi fermosa Dulcinea,
porque ahora sólo añoro
descansar désta condena!

martes, 23 de agosto de 2005

En Mercedes vuelvo a casa

A Carleti


Iba Don Saulo contento
con su bota güisqui al futbol
è sentándose en su asiento
pasó a soplar por un tubo.

Cuando llevaba metida
entre el su pecho i espalda
media bota bien bebida,
notó que le saludaban.

Es su vecino de al lado,
cuantas veces le encotrara
en el su asiento sentado
mientras un gol se cantaba.

"¡Hola!" - le dice el mentado
è bota vino le ofrece.
Como Saulo es educado,
buen lingotazo se mete.

Al otro le pasa el güisqui
è tras empinar la bota
mira ya medio piripi,
llama de tú a la parroquia.

A todo esto percibe
un codazo en las costillas,
es su vecino que dice,
indicando la otra silla:

"¿Conocías a mi Merche?"
"Mercedes, igual que el coche"
- dice ella sonriente -
"Aún más rápida que un porsche."

"Debe ser un chiste agudo"
- cavila Saulo rascando
su cabeza - "mas non dudo
que non parece indicado"

"Seguramente del tanto
como llevo en mi barriga
yo no me estopy enterando
ni de lo que èsta diga"

"Encantado" - le saluda
tendiendo a su vez la mano.
De nuevo viene la duda:
se la está manoseando...

"Es la esposa deste hombre.
Cuantas veces ya la he visto
con él cantando los goles
en muchísimos partidos"

"Deben estar medio ciegos,
non pasa nada, Saulillo.
Te olvidas dellos è luego
a seguir con el partido."

A todo esto aparece
un tercero en la cuestión,
y el de al lado le dice:
"Oh! Saulo, fazme favor."

"Ese que viene hacia acá,
è que la bufanda enseña
mucho temo, voto a tal,
que es el primo de mi dueña."

"É como ésta de mi lado
es mi amante desde siempre
temo que nos ha pillado
è que de esto se entere. "

"Haz el favor de cambiarte
de sitio con disimulo.
Non tengas miedo de ella
non va a comerte crudo"

Azorado se levanta
è se sienta en el asiento
mientras al grito de "¡Falta!"
retumba el estadio entero.

Se acerca el primo segundo
è se sienta junto al otro.
Saulo le mira ceñudo;
el otro piensa: "un beodo..."

Dice: "¿Facen unas birras?"
ofreciendo unas cervezas.
"Solo falta que a esta piba
se le suba a la cabeza"

- piensa el tal Saulo mirando
de reojo a la querida,
que enganchada está a su brazo
é hinca uñas cual arpía.

Al fin se acaba el partido.
Salen todos cero a cero:
Cero goles por partido,
cero ven los compañeros.

Ciegos bajan a la calle
è se acercan a un sedán:
"Es Mercedes" - dice alguien-
la risa a Don Saulo da.





"Pues es cierto, es el mío"
dice mirando hacia trás
el embriagado vecino
guiñando un ojo a la par.

"Dice el primo: pues me largo,
que he dejado el coche allí.
"¡Ya se larga!" - piensa Saulo -
"libre quedaré por fin."

Pero la cosa no es fácil,
le preguntan: "¿Dónde está
tu coche?" è con una grácil
sonrisa va a declinar:

"Pues en casa lo he dejado.
Un taxi me cojo ahora."
Dice el vecino: "ni ahorcado
te abandono yo a esta hora."

"Nada, nada, te llevamos.
Y que non se fable más.
Cariño: a que pasamos
del su barrio por detras?"

Asiente entre hipidos
la tal Merche sonriente.
Mal se las ve mi Saulillo:
non quiere ser reticente.

"Venga móntate a Mercedes...
en Merche, quiero decir...
quiero decir (non me pegues)
que al coche puedes subir"

Total que suben los tres
en el sedan encuerado.
"Mercedes en cueros es"
dice el vecino embriagado.

"Paremos aquí de paso,
ques de mi amigo este bar
ya verás que lingotazos
gratis nos vamos a echar."

Ya Saulo se da por muerto,
mas, para non quedar mal,
se presta a meterle un tiento
al güisqui è hasta al del bar.

Beben, ríen, doblan muecas,
la Merche ya es que se va
por la patilla y empieza
con mi Don Saulo a ligar.

El otro, como si nada,
todo lo ve tan normal.
È Saulo non tiene cara
de cortalla a su pesar.

Total, que acaban las copas.
"Incólulme al fin salí"
piensa Saulo mientras montan
en el Mercedes al fin.

arranca el otro cual Fangio
en cercuito de Monjuic
va pegando unos bandazos
que adelanta el 'zag' al 'zig'.

De repente para el coche.
Pegando un frenazo tal
que Saulo prueba en la noche
la nuca de la vestal.

"¡He perdido la cartera!"
Dice palpándose el pecho.
Saulo piensa: "deste hombre
non sacaremos provecho"

"¡Búscala, vamos!" - le urge
a la Merche con anhelo
ésta sin pensar dos veces
se abalanza por los suelos.

Enseñar, hasta partida
de nacimiento enseñó.
Piensa Saulo: "divertida
se pone aquesta cuestión".

Mas no acaba aquí la cosa:
salta al asiento de atrás
è a Saulo muestra la ropa
interior de tafetán.

Se aparta aquéste de un bote
sin dar crédito a sus ojos,
porque el tanga nada esconde
è además es color rojo.

Aún se remanga la falda.
È agora, canalillo.
Más bien Canal de la Mancha,
porque enseña hasta el ombligo.

"No lo encuentro -hics- no puedo"
hipa la rubia bolinga
Al pobre Saulo poniendo
sobre el hombro las domingas...

"Volvamos al bar non sea,
que se cayera al pagar"
Dice el otro en son de juerga
mientras que vuelve a arrancar.

"Non salgo entero désta"
piensa Don Saulo al sentir
de Merche las posaderas
sobre su zona viril.

"Huy, perdona, he tropezado.
Éste tío es un animal
conduce como un pirado
sin contar con los demás."

"O no mira o está ciego"
Piensa Saulo para sí.
Yo me tiro en marcha luego,
si la puerta puedo abrir.





Llegan al bar del amigo.
Saulo se apresta a salir,
mas de la rubia el ombligo
se encuentra frente de si.

"Pero, ¿sales o no sales?"
-le pregunta cabreado-
"Deja a éste que él se vale.
Vamos a seguir jugando"

"Non podemos facer esto,"
- es Don Saulo caballero -
"de dejalle con el muerto
sin ayudalle con ello"

De mala gana le deja
salir Mercedes del coche
"Pardiez con esta pendeja.
Ya me está dando la noche"

Entra en el bar decidido
è non cree lo que ve,
pues se encuentra a su vecino
besando al barman aquél.

Salta a la barra el becerro,
se encarama al mostrador.
Besa calva al camarero
ante el público estupor.

De alegría salta è brinca
a lo largo de la barra,
mientras la gente le anima
è le ríe la trastada.

"¡La encontré, por fin la tengo!
Éste la había encontrado"
- grita loco de contento
por el mostrador bailando.

Cuando al fin salen del bar
é se dirigen al carro
ven que hay cola por mirar
aunque el cristal es tintado.

La Merche en cueros está
en el Mercedes de cuero,
è los que pasan se dan
de tortas por poder verlo.

Espantando a los moscones,
entra en el coche de lado;
arranca el otro de golpe,
Saulo se está mareando.

"Pero... ¿qué haces?" - pregunta
el pasmado bolinguilla.
"Pues... buscando la cartera,
por si cayó en mi tanguilla"

Cuando al fin llegan al barrio,
a Saulo deja en la acera,
è dice: "non se te ocurra
contárselo a mi parienta..."

Él niega con la cabeza,
è parte raudo el Mercedes.
Saulo piensa: "Con certeza
no me creerán aún lo cuente"

"A nadie he de decir
lo desta noche aunque muera.
Juro por Dios non salir
nunca más de borrachera"


viernes, 19 de agosto de 2005

Don Saulo y el dragón

Dedicatoria: A mi esposa
y a mi hija lo dedico.
Pues sin su ayuda esta obra
jamás hubiera existido.



Estaba Saulo currando,
apurando su faena,
cuando fue a sobresaltarlo
la llamada de su dueña.

Gritos horribles se escuchan
en el su auricular,
y aunque nada desembuchan
sabe que son en su lar.

Tan sólo oye aterrado
el gemir de la su hijita,
que con dos años contados
su garganta desgañita.

"¿Qué sucede?" - angustiado
interpela al aparato -
"¡Decidme qué está pasando!
¿A qué viene tanto llanto?"

Al otro lado del hilo,
escucha a la su mujer,
gritar: "¡Corre, Saulo mío,
o a las dos nos perderéis!"

Espantado, deja todo.
Vuela por las escaleras.
Como loco arranca el coche,
gira la esquina en dos ruedas.

Engancha sin miramientos
la conocida emetreinta:
el límite pasa por cientos;
la multa será de estrella.

Cual chumaquer encelado
las curvas traza por fuera,
por los carriles saltando
todo el tráfico sortea.

Diez minutos - y son muchos -
se demora en arribar.
Aparca - se deja las ruedas -
en la puerta de su lar.

De un salto, sube escalera.
La llave mete en el aire
è como una tromba entra
exhorcizando el desastre.





Encuentra a las sus dueñas,
que son su filla è mujer,
alzadas de las cocinas
en la mesa de comer.

Gritan tan desaforadas
que no han visto su llegada,
è dirigen aterradas
su mirada a la ventana.

Cual un caballero andante,
a molinos enfrentado,
con zancada de gigante
nueso Saulo va gallardo.

Y encuentra - non dire una,
ni dos, más bien diré tres -
lagartijas con hambruna
de triste è blancuzca piel.

Mira asombrado la jarra
que en pulido fregadero
da cobijo a la camada
de reptiles medio muertos.

La más grande, medio palmo.
La más pequeña, un dedal.
No sale de su asombro Saulo:
los dragones,¿dónde están?

Incrédulo mira a los lados
y encuentra de su mujer
los ojos desorbitados
que le indican: "¡èso es!"

Mas non sale de su asombro.
Ahora sí paralizado,
pregunta sobre su hombro:
"¿cuál es el desaguisado?"

"¿Pues non los ves?" - le responden
desde la mesa en el acto -
"¡Cien monstruos han escapado
desde la jarra de barro!"

"¿Monstruos? - vuelve la cabeza -
"Sólo veo lagartijas,
unos pocos medio muertas
è las otras, bien canijas"

"Pues eso, que se han escapado
de la jarra del jardín,
que habíamos olvidado
è quise fregar por fin."

"¡Voto a todo!" - aún no sale
de su asombro el interfecto -
"¿Non existe otro percance?
¿Me habéis llamado por...ESTO?"

"¡Pero si son lagartijas!"
- dice al borde de su aguante.
La madre abraza a su hija:
"¡Son lagartijas mutantes!"

"¿Mutantes?¡Unas narices!"
Mas le replica su esposa:
"¡Son mutantes como dices.
Sus dedos tienen ventosas!"

"Pero... mi buena mujer,
cómo piensas que se suben
las pobres por la pared...
¿no será que has visto 'UVE'?"

(Coje a los animalillos
que resbalan sin consuelo
escurriendo sus dedillos
por el liso fregadero)

"Voy a dejar a estas pobres
en la tapia del jardín,
que como comen insectos
se darán un buen festín"

"!Ni se te ocurra dejar
esos monstruos en el nuestro!
¡Si non los quieres matar,
tíralos, mas fázlo lejos!"

"Pero, cariño" - le advierte -
"si en el nueso jardín
a sus anchas campan siempre
del uno al otro confín...

¿Acaso tu no decías
que eran buenas para el césped,
que los insectos comían
que protegían los parterres?"

"Sí, ¡pero estas son mutantes!"
- la voz le sale un graznido -
"¡ya te lo he dicho antes:
tienen el color perdido!"

Perdido el color si llevan,
mas no acierta a discernir
si es del susto que blanquean
o es de no poder salir.


San Jorge, el dragon y la doncella-David Manzur-1999


"En fin, que vamos a hacerle!"
- las mete Saulo en un tarro -
"me las llevaré al parterre
que tiene el vecino al lado"

"¡Ni se te ocurra tan cerca!
Son capaces de volver
y atacarnos por sorpresa.
¡Tíralas lejos, pardiez!"

Vuelve Saulo a sus tareas
a retomar su faena,
donde fue a sobresaltarlo
la llamada de su dueña.

Fueron diez mil de las ruedas.
Del llantazo, quinze mil.
Tuvo que hacer horas extras,
è se quedó sin dormir.

La multa por el su exceso
de velocidad fue tal
que pensó: "non salí ileso.
Me hirió el ser infernal."

Otra colonia en dos días
acampó en el su jardín,
de pequeñas lagartijas
que se quedaron por fin.

Eso sí, no eran mutantes,
eran como las demás.
Con ventosas e cambiantes
de color epiteliar.